Última editorial, Agronoticias Nº 431

Factor determinante para transformar la economía rural

EL GRAN RETO DEL COMERCIO AGRARIO

Por lo pronto, es imperioso eliminar la intermediación innecesaria, con base en la imprescindible organización de pequeños  y medianos productores, así como la instalación de centros de acopio, clasificación y empaque en los más importantes lugares de producción

Todo el mundo sabe que el negocio agrario no está tanto en producir, sino en comercializar con la mayor eficiencia y rentabilidad  posibles.

Este elemental proceso en el país está distorsionado por la informalidad y la ausencia de un sistema de comercialización agraria, en perjuicio simultáneo de productores, consumidores y el mismo Estado, que pierde millones por impuestos que no cobra.

Resulta inexplicable la inhibición del Estado ante el problema de la comercialización, vacío que deja lugar a la intervención perniciosa de “los reyes” (de la papa, el camote, el plátano, el tomate, el zapallo, el maíz) en su calidad de intermediarios innecesarios y habilitadores, que predominan en los mercados mayoristas, donde le sacan provecho a la enésima potencia al puesto o stand del que disponen, pues saben perfectamente  de la desesperación del productor por colocar su mercadería.    

Muchos de ellos, particularmente los que tienen almacenes, reciben la carga de los productores  y les dicen que en los próximos días procederán a venderla, “a consignación”, procediendo a liquidar al precio que  consigan. ¿Qué pasa si el comerciante recibe dos camionadas de papayas y una de ellas no logra venderla? Después de cinco días esa camionada de papaya se ha hecho “chicha”. Hay un  sólo perdedor: el productor.

Salvo durante el gobierno militar 1969-1980, a través de EPCHAP, EPSA, EMCOPESA, ENCI y ECASA, jamás el gobierno nacional se atrevió a ponerle el cascabel al gato, ni siquiera ante la ostensible y creciente precarización de la seguridad alimentaria del país, a consecuencia de:  distorsiones de la economía de mercado; el calentamiento global, el cambio climático, la escasez creciente de agua, la neolatifundización del agro mundial y el papel de las megacorporaciones transnacionales en el abastecimiento alimentario.

¿QUE HACER?

Acciones básicas promovidas y apoyadas por los tres niveles de gobierno:

  • ASOCIATIVIDAD Y ORGANIZACIÓN: capacitación masiva de los pequeños productores, de abajo hacia arriba, para facilitar la negociación y la articulación de los mismos con los demás eslabones imprescindibles de la cadena agroalimentaria. Necesidad de asociarse para tener mayor fuerza en la oferta.
  • CONCERTAR PARA PRODUCIR: Planificación concertada de la producción nacional (siembras escalonadas, incluso con georreferenciación), según las perspectivas de los mercados local, regional, nacional y externo, para evitar altibajos perjudiciales.
  • CENTROS DE ACOPIO Y FRÍO: Habilitación de centros de acopio, clasificación y empaque de productos agrarios básicos en cada valle, comunidad y escenario  similar, para manejar directamente la comercialización  y así vencer a la intermediación innecesaria  por medio de la competencia.
  • VALOR AGREGADO: Promoción sostenida de la agroindustria rural para dar valor agregado a los bienes agrarios en los mismos centros de producción, a la vez de generar nuevas fuentes de empleo. Como productores primarios a muchos  les ha ido muy mal. 
  • TECNOLOGÍA DIGITAL Y SATELITAL: Hoy día nadie puede competir si no está al día con las modernas tecnologías de las telecomunicaciones. Los productores requieren tener la información al instante y directa del movimiento de los mercados mayoristas y minoristas, tanto como de todos los organismos públicos (y privados) que realizan compras y provisiones. Un productor bien informado sabrá enviar la carga al lugar adecuado, en menor tiempo posible, sin necesidad de caer en las garras de los intermediarios.
  • SERVICIO NACIONAL DE PRECIOS: Labor  en apoyo de los productores que debe ejercer el Estado con mayor eficiencia, desde la chacra, mercados en general, ofertas estacionales  de productos y demandas futuras.

Todos estos pasos resultan imprescindibles no sólo para asegurar una formación  transparente de los precios agrarios en todos los niveles del mercado, sino también para tener un elemental sistema de comercialización donde todos terminemos ganando: productores, comercializadores necesarios, consumidores o usuarios y el mismo Estado.

Entonces, es hora de emprender el camino hacia la racionalidad que nos asegure un abastecimiento agroalimentario justo y fluido a todos los peruanos. Nada es imposible

Reynaldo Trinidad Ardiles, AGRONOTICIAS 431 / 2 de noviembre del 2016

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